ver algo no nos dice nada

Observar, observar en silencio, callar, observar con ecuanimidad e imparcialmente desde el silencio y el vacío te permite ver el todo completo desde lo que es y no desde lo que piensas o crees o los demás dicen que puede ser y esto te permite reflexionar y luego te permite comprender la verdad que esto esconde. La verdad de las cosas no surge ni la comprendes por lo que veas, leas o te digan, la verdad surge de ella misma cuando se lo permites, cuando callas y te detienes y dejas de poner resistencia, como en un estanque en que el agua se calma cuando dejas de perturbarla; sólo hemos de esperar y no perturbar al universo para que la verdad pose sobre nuestra mente y nuestros ojos y esta nos haga libres

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al pasar los días ya no te anhelo, hasta que….

“Al pasar 4 días ya no te busca mi alma, pero una vez que dichos días concluyen su estancia y llega el momento en que debo tenerte frente a mí todo mi ser se rompe y no puedo dejar de imaginar mil escenarios llenos de brío y gloria en donde estás tú y sólo tú y en donde mi ser simplemente te busca en todo lo que ve a su alrededor.”

…Cada que transcurría cierta cantidad de días sin que él la pudiera ver ni tocar su sed de tenerla se calmaba un poco, se tranquilizaba todo su pensar y sus letras que giraban en torno a ella, todo dejaba de transitar obsesivamente por un efímero instante dentro de su mente. Al cabo de dichos días en que no la tenía cerca de sí el clamor por sus pasiones se serenaba y dejaba de anhelarla con esa vehemencia característica de los locos y los enamorados, pero, luego, indefectiblemente llegaba el día en que debía enfrentarse a su encuentro con ella y todos sus esfuerzos por alejarla de lo que su mente construía, todos sus esfuerzos por alejarla de su mundo se tornaban fútiles, se hacían pedazos en aquel momento en que la veía, su mente colapsaba y comenzaba a recordarla y anhelarla con desesperación y deseo, comenzaba a imaginarla en todo lo que lo rodeaba y consecuentemente empezaba a pensar en aquel momento cuando la tuviese en frente, se preguntaba cómo es que habría de venir ante ella, si habría de disimular su irrisoria conmoción con denuedos de indiferencia, si habría de fingir que no la ha ansiado en su mente y su corazón con antelación y así emular que su encuentro ha sido algo espontáneo y casual como supuestamente lo ha sido así desde el principio, (pues no lo ha sido nunca pero siempre lo ha hecho parecer así pues la verdad es que siempre su mente la ha buscado ya en todos lados esperando poder encontrarla a cada lugar al que sus pasos tocan y siempre así busca la manera más apropiada de crear el encuentro fortuito), o si habría de mostrarse indiferente al momento del encuentro para ocultar su fijación, o si habría de ir directo hacia ella reconociendo su brío por verla; pensaba en tantas absurdas nimiedades, su anhelo por verla era tal que comenzaba a maquinar ilusoriamente los escenarios posibles para responder con prudencia, se preguntaba cómo habría de decir su primer palabra cuando estuviesen frente a frente, o en si habría de hablar mucho o poco, si habría de retomar un tema pasado en el cual tuviesen concordia, o si habría de tratar de sacar, sutilmente, a flote un tema del interés de ella para captar su atención. Era imposible que no se hallara exultante por aquel reencuentro pues siempre que la veía nuevamente era para él como si fuese este su primer encuentro por tanta sujeción que sentía hacia ella y así el albor lo maniataba y su deseo, reacio a su sensatez, que regresaba cada vez avivando el fuego incandescente de su corazón, lo consumía completamente con intranquilidad.

Este suceso era inevitable, el ciclo vivía su curso, pasaban los días y él la olvidaba y luego ella volvía y cuando ella volvía no podía apartarla de su mente y de los planes que su mente y su corazón construían sin que fuera él del todo consciente de ello siquiera y mucho menos ella, o más bien sin que tuviera parte en ello su voluntad aunque su consciencia pudiera ser engañada; ella se transformaba en sus planes sin saberlo y él la transformaba en dichos planes e historias como cual hombre disoluto ante la juerga sin poder resistirse. Lo hacía sin voluntad pero en consciencia, sin poner el más mínimo esfuerzo lograba crear devaneos y peripecias de amor y pasión dignos de ser plasmados y dignificados, por tanto embelesamiento y éxtasis, en un libro de memorias divinas custodiado para perdurar por la eternidad. Ella y sólo ella lograba causar este efecto y siempre que surgía alguna idea trágica interponiéndose a su, ilusoriamente, predestinada unión lo que su obsesivo y creativo inconsciente hacía era armar su antagónica y respectiva hazaña donde su gran amor derribaba y traspasaba con furor toda barrera que los pudiera separar, pero claro, no sin antes pasar por los consustanciales impedimentos y obstáculos nacientes de toda gran historia de amor, historia impregnada con cierto aire de tragedia y sacrificio dramático al mismo tiempo que de grandes aires de virtud y renunciación, historia llevada entonces por estas cualidades y características hacia una catarsis pasional donde la resolución no es otra sino la proclamación paroxística y explosiva de un amor real y genuino que siempre puede atravesar las vicisitudes de la vida cuando el uno se encuentra con el otro…

Se alejaban entonces por unos cuantos días y llegaban luego al dichoso momento, al momento del reencuentro y en esos instantes, cuando sus almas se tocaban más de cerca el mundo que él conocía se transformaba en otro en el que no existía nada que no aludiera a este bello ser de galantes ojos y de incontables virtudes como la más monumental de las bellezas, el mundo para él simplemente no era otra cosa que ella misma y no podía impedir que su mente imaginara y maquinara infinidad de historias y anécdotas pretenciosas y amaneradas donde ambos eran los protagonistas hacedores de zalamerías incontables en una especie de revelación cósmica predestinada para ser algo más sustancial y metafísico, presumiblemente más aun, que el amor de ciertos personajes míticos recordados por incontables masas. Pero como mencionamos antes, a pesar de que su cabeza estaba llena de un apasionado y jovial amor no podía evitar que un miedo fatal arribara a su corazón creando en dichas historias sus antagónicas y respectivas tribulaciones o menesteres, que aunque si bien se presentaban como algo vejatorio y lacerante también por lapsos se presentaban como algo un poco venial (como en toda historia con algo de drama así ocurre, pues, para darle descanso y un poco de esperanza a ésta). Al final de una u otra forma estas tribulaciones, como algo inherente o consustancial, advendrían insoslayablemente a partir de la susodicha unión trascendental y tendrían así que lidiar con todo ello al igual que con las nimiedades inherentes a todo vínculo creado, nimiedades y trivialidades tan comunes que a todo ser aqueja día con día en su curso por este mundo de incertidumbre y hostilidad; todo esto tendrían que sufrir y trascender dentro de la gran historia que se iba creando y desenvolviendo dentro de la mente de él.

Todo esto pasaba cada semana, historia tras historia era creada por su imaginación y a veces ya no la ansiaba como cuando la tenía frente a sí y a veces la anhelaba más cuando no la podía ver por tanto furor que había en su corazón. Sí, pasaban los días exactos en que no la veía y su sed se calmaba pero luego su sed se reanimaba y no se podía apagar pues cuando el corazón tiene sed busca ser saciado y a veces no basta con tenerla cerca unos cuantos días, a veces el corazón ruega por tenerla de nuevo antes de que llegue el momento de siempre, a veces el deseo no se calma después de ciertos días sino que el hambre llega en el momento justo en que se alejan un poco, a veces dejaba de buscarla y a veces no podía evitar tener que buscarla inmediatamente. Hemos dicho que pasaban los días y él se serenaba y ya no la ansiaba, pero no podemos esconder la otra verdad en donde él la ansiaba en demasía durante su ausencia. Sólo terminaremos con la afirmación de esta disyuntiva, dejándola a la deriva de su situación, enunciando este dilema como ha venido siendo y eso es todo por el momento, ya vivirá las consecuencias de dichas disyuntivas y tendrá que aprender y dejar ir…

la intención viene antes

No es hablar, hacer o pensar solamente; no es enunciar mil palabras bonitas, no es declamar elogios ni levantar plegarias, no es pedir perdón y decir cuánto lo sientes, no es decir cuánto amas y quieres, no es pensar que vas a cambiar algo, no es tampoco hacer una “buena acción”, no es dar o compartir o  regalar algo; no es hacer o dar o decir o pensar mil cosas, es primero disponer el corazón hacia una intención real y genuina y con esa intención llevar a cabo las acciones respectivas y correspondientes, es un todo que involucra una disposición genuina, una intención real y una acción pertinente e inherente a lo anterior.